En emotiva ceremonia el hermano Santiago García celebró 50 años en la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios

destacado ceremonia

El religioso en esta ocasión hizo la renovación de sus votos y recibió un reconocimiento del Papa Francisco II, enviado desde Roma.

Para celebrar los 50 años de profesión religiosa del Hermano Santiago García Ortega, al interior de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, se realizó en el Sanatorio Marítimo San Juan de Dios, de Viña del Mar emotiva ceremonia oficiada por el obispo de Valparaíso, Monseñor Gonzalo Duarte García de Cortázar, donde se destacó y se celebró la vocación y consagración del religioso español al servicio de los pobres, los enfermos y los necesitados.

Monseñor Gonzalo Duarte García de Cortázar en esta oportunidad expresó “Damos gracias a Dios por el carisma de los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios, especialmente hoy por los 50 años de vida consagrada del Hermano Santiago, por su labor y por su consecuencia con la fe del evangelio”.

En esta ocasión, el Hermano Santiago, acompañado por miembros de la Orden que llegaron desde Argentina, Bolivia y Chile, su hermana que viajó desde España y la comunidad de Sanatorio Marítimo, renovó sus votos de castidad, obediencia, pobreza y hospitalidad, reafirmando así su compromiso de vida ante Dios.

El Hermano Luis Alberto Mujica, Superior Provincial de la Orden, en esta oportunidad señaló; “Agradecemos al Hermano Santiago García por su vida dedicada al servicio de los enfermos y destacamos que han sido demasiadas las cosas positivas que hemos recibido de él y nuestra congregación está muy orgullosa de su alegría y el trabajo que entrega”.

A su vez, el Gerente de Sanatorio Marítimo San Juan de Dios, Andrés Pinto, agregó; “Presenciar esta ceremonia es un gran orgullo. Queremos agradecer el sentido de entrega del Hermano Santiago y su vocación de cuidado de los enfermos. Gracias por dejarnos compartir con usted y por su hermoso trabajo silente con la comunidad”.

Vida consagrada

Tras iniciar su carrera religiosa en Valencia, cuando solo tenía 17 años, pasó años practicando la hospitalidad por distintas ciudades de España, trabajando directamente con la comunidad, para luego ser enviado por la Orden a Sudamérica. Vivió nueve años en Bolivia antes de ser enviado en diciembre de 1983 al Sanatorio Marítimo de Viña del Mar, donde ha desarrollado gran parte de su trayectoria al cuidado de los niños y jóvenes con daño neurológico que viven en el recinto hospitalario.

A pesar de haber pasado por los centros de Argentina, en Ramos Mejías y Luján, su relación con el Sanatorio Marítimo siempre ha sido muy estrecha y muy gratificante para él; “Aquí estaré hasta que Dios quiera”, aseguró. “Como decía nuestro fundador, San Juan de Dios, siempre hacer el bien a vosotros mismos, a los enfermos, a los necesitados, a los niños. Son hijos de Dios y podríamos ser nosotros. Hay que atenderlos como a nosotros nos gustaría que nos atendieran y eso es lo que nos ayuda a salir adelante”, concluyó el religioso.

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