Carta del Superior Provincial de la Orden Hospitalarias San Juan de Dios

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Estimados Hermanos y Colaboradores

Para prepararnos a vivir este acontecimiento central de la vida cristiana, la Iglesia nos invita a recorrer el camino de la Cuaresma que para nosotros son días de conversión personal que pasa por la oración y el ayuno, por la renuncia y humildad.   Es tiempo de romper ataduras fuertes, por la lejanía de Dios, o de hilos de araña, que también nos retienen, como caprichos que nos impiden mirar con más libertad a lo alto y reconocer que Dios nos quiere, que está en nuestros hermanos.  Es un recorrido para salir de nuestras rutinas, mirar al horizonte pascual y caminar por la senda de la fe y del amor.

Este  caminar hacia la Pascua, es una invitación a reconocer nuestra mentalidad mundana que se nos pega a todos, aun sin buscarlo. Nos encanta ser “pequeños dioses” e independizarnos del Señor. Por eso el ejercicio de nuestro encuentro diario en la oración, durante este tiempo, es crucial. Jesús, oíamos hace pocos domingos: “Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y se puso a orar” (Mc. 1, 35).   Convencernos interiormente de que hacemos este camino para vivir y no para “fastidiarnos” y que no es sobre todo para instruirnos en algo, sino para iniciarnos o profundizar en el misterio de la muerte y resurrección de Jesús.

En nuestro recorrido cuaresmal debe destacar la caridad fraterna y la limosna, el desprendimiento alegre de lo nuestro para los demás. Jesús alabó la limosna de una viuda pobre: “Ha echado, dijo, todo lo que tenía”.

Su Santidad, Benedicto XVI, nos ha enviado un profundo y claro Mensaje para esta Cuaresma. Lleva por título: “Fijémonos los unos en los otros para el estímulo de la caridad y de las buenas obras” (Hb. 10, 24). En esta carta nos invita: “a confiar en Jesucristo como Sumo Sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a Dios”. Esta acogida a Cristo, dice el Santo Padre, tendrá sus frutos: una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Destaca el Papa también que, para estos logros, es muy importante participar en los actos litúrgicos y en la oración de la comunidad cristiana.

Aprovechemos para renovar también, nuestra disponibilidad, muy especial  durante todo este tiempo, para atender y entender el ministerio de la reconciliación, espacio de  encuentro alegre con Dios Padre que nos regala, en su Hijo, el perdón de nuestros pecados.

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